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Beneficios extraordinarios

Cuando por un aumento en la demanda efectiva, el precio de mercado de alguna mercancía en particular asciende muy por encima de su precio natural, aquellos que emplean sus capitales para ofertarla en el mercado se cuidan en general de ocultar ese cambio. Si fuera conocido por todo el mundo, sus abultados beneficios tentarían a tantos nuevos rivales a invertir sus capitales de la misma forma que, al quedar la demanda efectiva plenamente satisfecha, el precio de mercado caería pronto hasta el precio natural, e incluso durante algún tiempo por debajo del mismo. Si el mercado está situado a una gran distancia de las residencias de quienes lo suministran, puede que ellos sean capaces de mantener el secreto durante varios años, y durante todo ese tiempo disfrutar de sus beneficios extraordinarios sin ningún nuevo competidor. Hay que reconocer, no obstante, que es muy difícil conservar durante bastante tiempo secretos de esa índole; y los beneficios extraordinarios no pueden durar más que has...

Infeliz intoxicación

El hombre dividido y enfrentado a sí mismo busca excitación y distracción; le atraen las pasiones fuertes, pero no por razones sólidas sino porque de momento le sacan fuera de sí mismo y le evitan la dolorosa necesidad de pensar. Para él, toda pasión es una forma de intoxicación, y como no es capaz de concebir la felicidad fundamental, le parece que la única manera de aliviar el dolor es la intoxicación. Sin embargo, este es un síntoma de una enfermedad muy arraigada. Cuando esta enfermedad no existe, la mayor felicidad se deriva del completo dominio de las propias facultades. (...) La felicidad que requiere intoxicación, sea del tipo que sea, es espuria y no satisface. La felicidad auténticamente satisfactoria va acompañada del pleno ejercicio de nuestras facultades y de la plena comprensión del mundo en que vivimos. [La conquista de la felicidad] Bertrand Russell .

Acostumbrados a no razonar

No se resigne a ser una criatura vacilante, que oscila entre la razón y las tonterías infantiles. No tenga miedo de ser irreverente con el recuerdo de los que controlaron su infancia. Entonces le parecieron fuertes y sabios porque usted era débil e ignorante; ahora que ya no es ninguna de las dos cosas, le corresponde examinar su aparente fuerza y sabiduría, considerar si merecen esa reverencia que, por la fuerza de la costumbre, todavía les concede. Pregúntese seriamente si el mundo ha mejorado gracias a la enseñanza moral que tradicionalmente se da a la juventud. Considere la cantidad de pura superstición que contribuye a la formación del hombre convencionalmente virtuoso y piense que, mientras se nos trataba de proteger contra toda clase de peligros morales imaginarios a base de prohibiciones increíblemente estúpidas, prácticamente ni se mencionaban los verdaderos peligros morales a los que se expone un adulto. [La conquista de la felicidad] Bertrand Russell

Triste

Nada me dice hoy, a pesar de ser árbol, y árbol puesto por mí. Un árbol cualquiera que por primera vez acariciamos, nos llena, Platero, de sentido el corazón. Un árbol que hemos amado tanto, que tanto hemos conocido, no nos dice nada vuelto a ver, Platero. Es triste; mas es inútil decir más. No, no puedo mirar ya en esta fusión de la acacia y el ocaso, mi lira colgada. La rama graciosa no me trae el verso, ni la iluminación interna de la copa el pensamiento. Y aquí, a donde tantas veces vine de la vida, con una ilusión de soledad musical, fresca y olorosa, estoy mal, y tengo frío, y quiero irme, como entonces del casino, de la botica o del teatro, Platero. [Platero y yo] Juan Ramón Jiménez.

Tedioso y diáfano

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Siempre estoy dispuesto a correr el riesgo de parecer tedioso si con ello garantizo que soy diáfano; pero aún después de todos mis esfuerzos en ser claro, todavía podrá permanecer alguna oscuridad en un asunto que es por su propia naturaleza extremadamente abstracto. [La riqueza de las naciones] Adam Smith

Sentido común

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Se ríen de mí por ser distinto, yo me río de todos por ser iguales. Kurt Cobain

Ni miento ni me arrepiento

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Ni miento ni me arrepiento, ni digo ni me desdigo, ni estoy triste ni contento, ni reclamo ni consiento, ni fío ni desconfío: ni bien vivo, ni bien muero, ni soy ajeno, ni mío, ni me venzo, ni porfío, ni espero, ni desespero. Conmigo solo contiendo en una fuerte contienda, y no me hallo quien me entienda, ni yo tampoco me entiendo. Entiendo y sé lo que quiero, mas no entiendo lo que quiera quien quiere siempre que muera sin querer creer que muero. [Glosas del mote] Jorge Manrique.

¿Serás, amor...?

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¿Serás, amor un largo adiós que no se acaba? Vivir, desde el principio, es separarse. En el mismo encuentro con la luz, con los labios, el corazón percibe la congoja de tener que estar ciego y solo un día. Amor es el retraso milagroso de su término mismo: es prolongar el hecho mágico, de que uno y uno sean dos, en contra de la primer condena de la vida. Con los besos, con la pena y el pecho se conquistan, en afanosas lides, entre gozos parecidos a juegos, días, tierras, espacios fabulosos, a la gran disyunción que está esperando, hermana de la muerte o muerte misma. Cada beso perfecto aparta el tiempo, le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve donde puede besarse todavía. Ni en el lugar, ni en el hallazgo tiene el amor su cima: es en la resistencia a separarse en donde se le siente, desnudo altísimo, temblando. Y la separación no es el momento cuando brazos, o voces, se despiden con señas materiales. Es de ant...

Ella

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¿No la conocéis? Entonces imaginadla, soñadla. ¿Quién será capaz de hacer el retrato de la amada? Yo sólo podría hablaros vagamente de su lánguida figura, de su aureola triste, profunda y romántica. Os diría que sus trenzas rizadas sobre la espalda son tan negras que iluminan en la noche. Que cuando anda no parece que se apoya, flota, navega, resbala... Os hablaría de un gesto muy suyo..., de sus palabras, a la vez desdén y mimo, a un tiempo reproche y lágrimas, distantes como en un éxtasis, como en un beso cercanas... Pero no: cerrad los ojos, imaginadla, soñadla, reflejada en el cambiante espejo de vuestra alma. [Romancero de la novia] Gerardo Diego .

Para quién escribo (I)

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¿Para quién escribo?, me preguntaba el cronista, el periodista o simplemente el curioso. No escribo para el señor de la estirada chaqueta, ni para su bigote enfadado, ni siquiera para su alzado índice admonitorio entre las tristes ondas de música. Tampoco para el carruaje, ni para su ocultada señora (entre vidrios, como un rayo frío , el brillo de los impertinentes). Escribo acaso para los que no me leen. Esa mujer que corre por la calle como si fuera a abrir las puertas de la aurora. O ese viejo que se duerme en el banco de esa plaza chiquita, mientras el sol poniente con amor le toma, le rodea y le deslíe suavemente en sus luces. Para todos los que no me lean, los que no se cuidan de mí, pero de mí se cuidan (aunque me ignoren). Esa niña que al pasar me mira, compañera de mi aventura, viviendo en el mundo. Y esa vieja que sentada a su puerta ha visto vida, paridora de muchas vidas, y manos cansadas. Escribo para el enamorado; para el que pasó con su angustia en lo...

Volverán las oscuras golondrinas...

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Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres... ¡esas... no volverán! Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas, cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día... ¡esas... no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido...; desengáñate , ¡así... no te querrán! [Rimas] Gustavo Adolfo Bécquer .

La boca

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Boca que arrastra mi boca: boca que me has arrastrado: boca que vienes de lejos a iluminarme de rayos. Alba que das a mis noches un resplandor rojo y blanco. Boca poblada de bocas: pájaro lleno de pájaros. Canción que vuelve las alas hacia arriba y hacia abajo. Muerte reducida a besos, a sed de morir despacio, das a la grana sangrante dos lúcidos aletazos. El labio de arriba el cielo y la tierra el otro labio. Beso que rueda en la sombra: beso que viene rodando desde el primer cementerio hasta los últimos astros. Astro que tiene tu boca enmudecido y cerrado, hasta que un roce celeste hace que vibren sus párpados. Beso que va a un porvenir de muchachas y muchachos, que no dejarán desiertos ni las calles ni los campos. ¡Cuántas bocas enterradas, sin boca, desenterramos! Bebo en tu boca por ellos, brindo en tu boca por tantos que cayeron sobre el vino de los amorosos vasos. Hoy son recuerdos. Recuerdos. Besos distante...

Vida de Artista

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Te encontré por casualidad aquí o allí, qué más da, seguro que lo recuerdas. Apenas sin conocernos nos amamos, e incluso si no fue verdad mejor pensar que fue así . Yo te dí cuanto tenía , te dí el cantar soñando el mundo que yo no viva, y tú eras feliz en mi bohemia. Con veinte años creías que se puede vivir del aire, ahora ya no piensas lo mismo. Ese apretado fin de mes que desde que estamos juntos lo vivimos siete días por semana, y no tener ni para el cine, y el éxito que no acaba de llegar, y la nevera vacía. Ya ves que no me olvido de nada es un balance triste hasta llorar que confirma nuestro fracaso. Aún te quedan por vivir hermosos días, aprovéchalos amor, mi pobre amor, los buenos años pasan enseguida. Y ahora que te vas, los dos envejeceremos el uno sin el otro, qué tristeza. Tú puedes llevarte los discos , yo me quedaré con el piano, seguiré mi vida de artista, esta vida de artista . Algún día, sin saber muy bien por qué cualquier...

Si mis manos pudieran deshojar

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Yo pronuncio tu nombre   en las noches oscuras,   cuando vienen los astros   a beber en la luna   y duermen los ramajes   de las frondas ocultas.   Y yo me siento hueco   de pasión y de música.   Loco reloj que canta   muertas horas antiguas. Yo pronuncio tu nombre,   en esta noche oscura,   y tu nombre me suena   más lejano que nunca.   Más lejano que todas las estrellas   y más doliente que la mansa lluvia. ¿Te querré como entonces alguna vez?  ¿Qué culpa tiene mi corazón?   Si la niebla se esfuma,   ¿qué otra pasión me espera?   ¿Será tranquila y pura?   ¡¡Si mis dedos pudieran   deshojar a la luna!! [Antología poética] Federico García Lorca .

¿Tu verdad? No, la Verdad...

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¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela. [Proverbios y cantares] Antonio Machado .

La plaza tiene una torre...

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La plaza tiene una torre, la torre tiene un balcón, el balcón tiene una dama, la dama una blanca flor. Ha pasado un caballero -¡quién sabe por qué pasó!- y se ha llevado la plaza con su torre y su balcón, con su balcón y su dama, su dama y su blanca flor. [Consejos, coplas, apuntes] Antonio Machado .

Vete

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Mi sueño no tiene sitio para que vivas. No hay sitio. Todo es sueño. Te hundirías. Vete a vivir a otra parte, tú que estás viva. Si fueran como hierro o como piedra mis pensamientos, te quedarías. Pero son fuego y son nubes, lo que era el mundo al principio cuando nadie en él vivía. No puedes vivir. No hay sitio. Mis sueños te quemarían. [Soledades juntas] Manuel Altolaguirre.

Soledad sin olvido

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¡Qué pena esta de hoy! Haberlo dicho todo, volcando por completo lo que pesaba tanto, y ver luego que todo se queda siempre dentro, que las palabras fueron espejos engañosos, cristales habitados por fantasmas sin vida; que todo queda dentro con sus negras presencias, insistentes, doliendo. [Soledades juntas] Manuel Altolaguirre.

...El nombre exacto de las cosas!

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¡Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas! … Que mi palabra sea la cosa misma, creada por mi alma nuevamente. Que por mí vayan todos los que no las conocen, a las cosas; que por mí vayan todos los que ya las olvidan, a las cosas; que por mí vayan todos los mismos que las aman, a las cosas… ¡Intelijencia, dame el nombre exacto, y tuyo, y suyo, y mío, de las cosas! [Eternidades]  Juan Ramón Jiménez

Businessman

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El cuarto planeta era el del hombre de negocios. El hombre estaba tan ocupado que ni siquiera levantó la cabeza cuando llegó el principito. —Buenos días-dijo éste-. Su cigarrillo está apagado. —Tres y dos son cinco. Cinco y siete, doce. Doce y tres, quince. Buenos días. Quince y siete, veintidós. Veintidós y seis, veintiocho. No tengo tiempo para volver a encenderlo. Veintiséis y cinco, treinta y uno. ¡Uf! Da un total, pues, de quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno. —¿Quinientos millones de qué? —¡Eh! ¿Sigues ahí? Quinientos un millones de...Ya no sé...¡Tengo tanto trabajo! Yo soy serio, no me divierto con tonterías. Dos y cinco, siete... —¿Quinientos millones de qué?  — repitió el principito, que nunca en su vida había renunciado a una pregunta, una vez que la había formulado. El hombre de negocios levantó la cabeza: —En los cincuenta y cuatro años que habito este planeta, sólo he sido molestado tres veces. La primera fue hace veintidós ...